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Néstor García Canclini: De la multiculturalidad a la ciudadanía global Publicado en Blanco Figueroa, Francisco (coordinador): Cultura y globalización Universidad de Colima, México, 2001
Mirando desde los mercados podría parecer que somos cada vez menos ciudadanos y nos acercamos más al consumo, que somos convocados como consumidores cada vez más pasivos y con menor capacidad de decisión sobre lo que nos ofrecen. En parte es así, pero hay que conjugar esa afirmación con las nuevas formas de hiperactividad que produce la tecnología y con el ascenso de las demandas sociales, políticas y culturales. En México tenemos ejemplos recientes de ese crecimiento de la ciudadanía. En otros países latinoamericanos también. Ciudades como México y Buenos Aires por primera vez han elegido a sus gobernantes en los últimos años. Hay miles de asociaciones civiles, de ONG’s, que están representando a sectores antes marginados del sistema político o que carecían de voz para plantear sus demandas. De manera que encuentro un juego complejo, no en una sola dirección, en la relación entre ciudadano y consumidor, y me parece que en algunas formas de expansión de consumo, como podría ser Internet u otras nuevas tecnologías, o en cierto crecimiento de la matrícula educativa media superior, se están creando mejores condiciones para una ciudadanía más responsable y más consciente de la complejidad con la que hay que actuar. Sin duda hay grandes tendencias en la sociedad contemporánea y en la estructura empresarial, que tienden a producir comunidades pasivas o meramente consumidoras. Pero están los otros movimientos desde la sociedad, que no tienen ya el carácter de los movimientos sociales de los setenta, sino otros formatos, que son muy inestables y a veces un poco anarquizantes, como estas protestas que están ocurriendo en un país como Estados Unidos, durante tantas décadas políticamente poco activo. Las protestas de Seattle, de Washington, de Filadelfia. Y también en Europa y en otras regiones. Algo en lo que estamos muy atrasados en América Latina es en la construcción de formas institucionales que den continuidad a la ciudadanía. Existe el voto y en general es un poco más respetado que en otras épocas, pero todavía quedan países como Perú donde la manipulación de la voluntad ciudadana es escandalosa. Hay, pues, formas de participación democrática que han crecido, pero son insuficientes. Deberíamos construir más movimientos de consumidores y de televidentes, formas de representación ciudadana como la del ombudsman de los derechos comunicacionales y culturales que existe en muy pocos países; sólo tres diarios en español tienen la figura del defensor del lector. La televisión es un caso extremo de impunidad para explotar la violencia, la espectacularización de las emociones y de los dramas humanos, y hay muy pocos instrumentos, salvo las protestas aisladas, para oponerse o reorientar esos programas. Quizá, pese a las deficiencias, este sea uno de los avances más significativos del siglo último: entendimos que la democratización de la sociedad no pasa únicamente por elecciones u otros comportamientos expresamente políticos; también implica el conjunto de las prácticas culturales en las que la vida halla su sentido.
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